sábado, 24 de diciembre de 2016

Fundamentos de leninismo. José Stalin

Pocos folletos han alcanzado tanta repercusión y popularidad en la historia como el opúsculo de Stalin «Los Fundamentos del Leninismo». Posiblemente ninguno.

Durante un período de unos 6 ó 7 lustros (aproximadamente de mediados del decenio de los veinte a la segunda mitad del de los cincuenta), ese escrito fue el evangelio de (literalmente) millones de militantes comunistas, incluyendo cuadros de partidos revolucionarios que alcanzaron el poder en un tercio del planeta, más otros que --aun derrotados a la postre-- en un momento lo estaban ejerciendo en porciones amplísimas de sus territorios nacionales (así en Indonesia, Malaya, Tailandia, Birmania, las Filipinas), junto con otros que dirigían movimientos de cientos de millones de personas humanas en la India, Suráfrica, Brasil, Perú, Chile, México, etc.

Cabrá contrastar las virtudes o los defectos del trabajo  publicado en comparación con unos u otros escritos del mismo autor o de otros líderes comunistas rusos de esa época, como lenin, Trotski, Bujarin, Zinoviev o Kámenev. Cada uno tiene su estilo, sus características, sus cualidades y sus limitaciones. Cabrá también plantearse cuánto de todo aquello pueda guardar vigencia en el mundo de hoy y cuánto ha periclitado. Mas lo que habría de estar claro, de entrada, es que ningún escrito tuvo tantos lectores y tan influyentes en la lucha anticapitalista y en la cultura de las masas laboriosas, ni en nuestra época ni en ninguna otra, como este opúsculo de Stalin.

Texto básico en las escuelas de cuadros que producían hornadas de cientos de miles, si no de millones, de líderes revolucionarios, este opúsculo habrá tenido cien o mil veces más lectores que el libro más popular de León Trotski, p.ej. Y sin embargo hoy es inencontrable. El lector interesado en estos temas --sea por curiosidad histórica o porque juzgue que la lectura de obras así sigue siendo valiosa para orientarse en las tareas del pendiente empeño por una transformación social-- sabe que puede hallar en librerías (de viejo o de nuevo), en puestos callejeros, en bibliotecas, numerosos libros de Trotski, y todavía libros de Lenin; más infrecuentemente libros de Bujarin. Hallar los de Stalin es poner una pica en Flandes. O sea, que casi casi parece como que el grado de encontrabilidad de textos de los clásicos revolucionarios rusos fuera inversamente proporcional a la influencia histórica de los textos en cuestión.